HISTORIA DE LA CIUDAD
La historia de Bulla Regia: de capital númida a colonia romana
Desde una ciudad real numidia que llevaba su estatus en el nombre, pasando por colonia romana y sede episcopal cristiana, hasta un lento declive medieval — la historia de Bulla Regia en una sola guía.
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Mucho antes de que llegara Roma, el asentamiento que se convertiría en Bulla Regia ya era lo bastante importante como para estar vinculado al poder real númida. Hacia mediados del siglo II a.C., bajo el rey númida Masinisa, la ciudad adoptó el epíteto de 'Regia' —real—, lo que la marcaba como sede ligada a la casa gobernante y no como una simple ciudad regional. Ese nombre perduró a través de todos los cambios de gobernante posteriores, un caso raro de un lugar que mantuvo su estatus de la era númida directamente a través de los siglos romano, cristiano y bizantino hasta el nombre que aún se usa hoy.
La llegada de Roma, y luego dos siglos como ciudad libre
La implicación de Roma comenzó durante la Segunda Guerra Púnica, cuando la campaña de Escipión el Africano puso la ciudad bajo influencia romana hacia el año 203 a.C., mucho antes de que se convirtiera en un asentamiento plenamente romano. La incorporación total llegó más tarde: tras su victoria en Tapso en el año 46 a.C., Julio César reorganizó los territorios africanos de Roma y concedió a Bulla Regia el estatus de ciudad libre. Ese lapso de más de un siglo, entre la presencia militar romana y el pleno estatus cívico romano, es típico de cómo Roma absorbió el norte de África de forma gradual y no de golpe. Incluso después de la concesión de César, el nombre y el estatus de la era númida del lugar pervivieron, lo que demuestra con qué selectividad Roma superpuso sus propias categorías administrativas sobre ciudades que ya tenían identidades fuertes y consolidadas.
Municipium, luego colonia bajo Adriano
El estatus no dejaba de ascender. Bajo los emperadores flavios, Bulla Regia fue elevada a municipio con derechos latinos, lo que ofrecía a sus ciudadanos más destacados un camino hacia la ciudadanía romana. La ciudad alcanzó su cénit formal bajo Adriano, quien le concedió el estatus de colonia y el título honorífico de Colonia Aelia Hadriana Augusta Bulla Regia — plena ciudadanía romana para sus habitantes y la riqueza y el programa constructivo a la altura. La mayor parte de lo que hoy se ve en superficie en Bulla Regia, desde los templos del foro hasta las Termas Memmianas, pertenece a este momento culminante de los siglos II y III, y no a las fases anteriores de la ciudad, ni la númida ni la romana temprana.
Una ciudad cristiana ya en el siglo III
Bulla Regia estaba ya lo bastante organizada como comunidad cristiana como para enviar a un obispo, Therapius, a un Concilio de Cartago ya en el año 256 d.C., lo que la sitúa entre las diócesis documentadas más antiguas del África romana. A finales del siglo IV, la ciudad era profundamente cristiana; se tiene constancia de que Agustín de Hipona la visitó hacia el año 399 d.C. y criticó prácticas locales que consideraba impías, una prueba incidental de que la ciudad era populosa y relevante como para atraer su atención en primer lugar. La basílica excavada en el yacimiento, con su inusual pila bautismal cruciforme, pertenece a esta misma época cristiana de la ciudad, y no a su núcleo cívico romano.
Conflictos vándalos y ocaso bizantino
La estabilidad no duró. El dominio vándalo en el siglo V trajo consigo un conflicto religioso entre cristianos arrianos y católicos que, según se cuenta, llegó a la violencia en el interior de una basílica de Bulla Regia, y la fortuna de la ciudad decayó aún más bajo la administración bizantina que le siguió. La ocupación continuó —se han hallado monedas de emperadores bizantinos del siglo VII en el yacimiento—, pero a una fracción de la escala anterior de la ciudad: una contracción lenta más que un final dramático y repentino. Es un patrón compartido por muchas ciudades romanas de esta zona de Túnez, donde el declive siguió el desmoronamiento general del norte de África bizantino más que una conquista concreta de la propia ciudad.
Un pueblo abandonado, no destruido
A diferencia de otros yacimientos arrasados por la guerra o sepultados bajo ciudades posteriores, Bulla Regia fue quedando atrás de forma gradual, no borrada: su ocupación se fue apagando a lo largo de los primeros siglos medievales tras la conquista árabe del siglo VII, y el centro de gravedad regional se desplazó a la cercana Jendouba. Ese lento abandono explica en gran parte que tanto haya sobrevivido: ninguna ciudad posterior se levantó sobre las ruinas, y las villas subterráneas, en particular, permanecieron enterradas y protegidas hasta que los arqueólogos comenzaron a desenterrarlas en el siglo XX. Quienes las visitan hoy caminan, en un sentido muy real, por la última versión de la ciudad que sus habitantes dejaron atrás, y no por una reconstrucción erigida sobre un solar despejado y reutilizado por generaciones posteriores.